Por Joaquín Cámara

Con frecuencia recibo preguntas de padres o familiares de bebés y niños que buscan conocer qué les sucede a estos seres queridos tras la muerte. Es curioso lo poco que hay escrito a cerca de este tema, de manera que me parece muy necesario compartir con vosotros en este artículo lo que conocemos de la postvida de los más pequeños y resolver de este modo las principales dudas que este delicado asunto plantea.

El viaje tras la muerte

Cuando un bebé o un niño desencarna (muere físicamente), el recorrido que realiza es exactamente igual al que hace un adulto: en primer lugar acceden al plano astral, donde permanecen el tiempo necesario hasta desintegrar ese cuerpo y, posteriormente, continúan ascendiendo hasta el plano mental (también llamado Mundo Espiritual). Aunque este recorrido es similar al de los adultos, sí hay ciertos aspectos que lo hacen diferente y de los que vamos a hablar a continuación.

Diferencias en cuanto a los adultos

El plano astral es el primer lugar al que vamos tras la muerte física. Como hemos hablado en otras ocasiones, ese espacio está interconectado con el mundo físico, de manera que compartimos los mismos espacios, sólo que en vibraciones diferentes, lo que nos hace imposible poder ver a quienes se encuentran ahí, aunque con frecuencia sí podemos sentir su presencia o recibir sus señales. Cuando un adulto llega al plano astral, la duración de su estancia dependerá de su nivel vibratorio y del apego que tenga a la Tierra: quienes han acumulado emociones o pensamientos densos o negativos estarán más tiempo en el astral que aquellos cuya vibración era más elevada; esto se debe a que para poder acceder al mundo espiritual necesitamos desintegrar el cuerpo astral, de manera que cuanto más denso es, más tiempo lleva esta liberación.

Los bebés no tienen una acumulación emocional densa o negativa, todo lo contrario, son personas prácticamente puras. Este hecho hace que cuando un bebé desencarna pase muy poco tiempo en el astral, prácticamente lo atraviesa sin llegar a pararse en él, ascendiendo casi directamente al mundo espiritual.

En el caso de los niños, y dependiendo siempre de sus experiencias individuales, el tiempo que pasan en el plano astral puede ser más o menos breve. Los niños más mayores ya han adquirido apego a la Tierra (a sus padres, familiares, amigos, posesiones materiales, etc.), por lo que muchos niños querrán quedarse cerca de sus seres queridos durante un tiempo antes de continuar su camino hacia el plano superior. Además también han comenzado a acumular emociones y pensamientos densos que afectan a su vibración y de los cuales tienen que deshacerse en ese lugar. Con todo, la estancia en el plano astral de los niños siempre es mucho más breve que la de un adulto.

Otra de las diferencias fundamentales tras la muerte de bebés y niños es el recibimiento que se les hace en el plano astral. Cuando un adulto desencarna, puede ser recibido por su Guía espiritual, por algún ser querido o sencillamente por nadie; pero para un adulto esto no supone ningún problema, ya que es capaz de desenvolverse solo por ese lugar. En cambio, los bebés y los niños siempre son recibidos por Seres espirituales encargados de esta labor. Tal y como vimos en “Una vida infinita”, cuando estamos en el plano mental todos tenemos diferentes trabajos que realizar; uno de estos trabajos es, precisamente, el de recibir a bebés y niños en el plano astral, cuidarlos y acompañarlos al plano mental.

Con respecto a esto, me gustaría compartir con vosotros el fragmento de una regresión espiritual que realicé a una mujer y en la cual pudimos ver que su trabajo en el mundo espiritual consistía precisamente en recibir y acompañar a niños que acababan de desencarnar en la Tierra.

 

  • Joaquín: ¿A qué te dedicas en el mundo espiritual, cuál es tu trabajo ahí?
  • Carmen: He hecho muchas cosas… toda mi familia [espiritual] se dedica a la arquitectura… crean cosas, paisajes, árboles, y eso me gusta. Yo también lo he hecho durante mucho tiempo, pero ahora dedico casi todo mi tiempo a otro trabajo.
  • ¿Qué haces ahora?
  • Cuido a los niños que llegan.
  • ¿Qué llegan a dónde, al plano astral?
  • Sí, claro. Me ocupo de recibirlos y estoy con ellos todo el tiempo, hasta que pueden subir aquí.
  • ¿Y qué haces con ellos?
  • Les ayudo a entender dónde se encuentran, los calmo, les doy mucho amor. Y sobretodo jugamos. Les creo escenarios muy bonitos y jugamos mucho, se divierten.
  • Cuéntame un caso que recuerdes de cuando haces eso.
  • Sí… estoy ahora con dos niños, son bastante pequeños. Sé que les encanta la naturaleza, los bosques, así que he recreado un bosque y estamos jugando en él. Nos estamos divirtiendo. Luego paseamos y vemos animales que les gustan.
  • ¿Y tú qué aspecto tienes?
  • He tomado la forma de una mujer joven, parecida físicamente a su madre, para que me sientan más familiar y no tengan miedo. Ellos saben que no soy su madre, por supuesto, pero es importante que tomemos una forma que les resulte conocida para que puedan sentirse seguros.
  • ¿Soléis tomar esas formas siempre?
  • Depende de cada niño. Hay algunos que toman forma de un superhéroe porque saben que a ese niño le encanta, otras veces se toma la forma de un animal, una princesa de cuentos o incluso de un dibujo animado. Siempre nos adaptamos a lo que sea más favorecedor para el niño.
  • ¿Y cuidas a muchos niños a la vez?
  • Me suelo ocupar de uno o dos a la vez, más no, necesitan mucha atención.
  • ¿También te encargas de los bebés?
  • Yo siempre estoy con niños. Hay otras almas que se encargan de los bebés, es un trabajo más sencillo porque los bebés están muy poco tiempo en el astral.
  • ¿Los niños están mucho tiempo ahí?
  • No, muy poquito. Cuanto más pequeños son más rápido ascienden.
  • Y los niños con los que estás, ¿pueden ver a sus padres o seres queridos de la Tierra ahí?
  • Depende del caso. Si consideramos que es necesario sí, les acompañamos a verlos y a que comprueben que están bien, pero si creemos que eso le va a aumentar su apego o su malestar, entonces no. De todos modos, en cuanto se vayan del astral podrán verlos siempre que quieran. El astral es solo de paso, mi trabajo aquí consiste en que se sientan lo mejor posible, que se diviertan y que pronto puedan ascender.

Como podemos ver en este fragmento de regresión, los bebés y los niños (incluso los adolescentes) nunca están solos en el plano astral, todos cuentan con la ayuda de seres espirituales encargados de acompañarlos en todo momento hasta su llegada al mundo espiritual.

 

El plano mental de niños y bebés

En el mundo espiritual no existe la edad tal y como la percibimos en la Tierra, de modo que una vez que los bebés o los niños abandonan el plano astral y ascienden al plano mental, vuelven a tener una consciencia adulta, la misma que tenían antes de haber encarnado en la Tierra. Por tanto, su vida en el mundo espiritual es exactamente igual a la que experimenta alguien que muere en la Tierra siendo adulto.

Almas viejas

Como hemos visto en otros artículos, existen unas almas más evolucionadas espiritualmente que otras, almas que han realizado mayores aprendizajes al haber tenido más reencarnaciones y a las que solemos llamar “almas viejas”. Es muy frecuente que alguien que reencarna en la Tierra y muere a una edad muy temprana, siendo un bebé, un niño o un adolescente, pertenezcan a este grupo de almas viejas. Se trata por tanto de almas que han venido a terminar de aprender algo muy concreto y, una vez que lo han realizado, se marchan. Pero también es muy frecuente que estas almas hayan venido a ayudar a evolucionar a sus padres u otros seres queridos durante el tiempo que han estado y, especialmente, tras su marcha.

Dudas frecuentes sobre este tema

 

¿Se olvidan los bebés o los niños de sus seres queridos de la Tierra? No, en absoluto. Cuando llegan al plano mental y tienen ya la conciencia como alma adulta que son, los recuerdan perfectamente, los visitan e incluso les envían señales para hacerles entender que se encuentran bien. Estas señales a veces son recibidas por los seres queridos y otras no, dependiendo del estado emocional en el que los familiares se encuentren, pero habitualmente intentan consolarlos y hacerles entender que siguen vivos.

¿Vuelven a reunirse sus padres con ellos? Sí, por supuesto. Como sucede en todos los casos, los lazos que nos unen no se pierden nunca. Una vez que los padres desencarnan y llegan al mundo espiritual, sus hijos están ahí para recibirlos.

Si un bebé muere y la madre vuelve a quedar embarazada, ¿es posible que sea la misma alma, la misma persona? Existe esa posibilidad, sí, pero todo depende de la intención y los pactos de las almas implicadas. Por ejemplo, un alma puede haber encarnado en ese bebé con la única intención de morir rápidamente para ayudar a sus padres a aprender y evolucionar a través del duelo; si esta era la única intención de esa alma, el único acuerdo que tenía con sus padres, no volverá a encarnar con ellos. Sin embargo, si además de ese acuerdo también habían planeado que después volvería a encarnar en un siguiente embarazo para seguir junto a ellos, entonces sí, será la misma alma en ambos embarazos.

¿Qué sucede con los nonatos? El caso de los nonatos (embriones o fetos que no llegan a nacer, o que nacen sin vida) es completamente diferente a la muerte de un bebé o un niño. Puedes encontrar información detallada sobre este tema en las páginas 166-168 y en 186-188 del libro “Una vida infinita”.

 

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