Por Joaquín Cámara

 

Uno de los temas que más dudas suscitan en torno a la postvida es el del suicidio: ¿dónde van las personas que se suicidan? ¿Atraviesan los mismos lugares espirituales que aquellos que mueren de manera natural? En este artículo hablaremos en profundidad sobre ello, aclarando las principales cuestiones que nos han ido planteando a lo largo de tiempo. Junto a la explicación teórica, iré añadiendo el caso real de una de mis pacientes, Diana, quien durante su regresión comprobó que en su vida anterior se había suicidado, y todo lo que siguió a esto en el mundo espiritual, ya que puede ayudar a una mayor comprensión.

El estado vibratorio

Durante el tiempo que estamos en esta vida física, cada uno de nosotros emite una vibración, la cual va desde los estadios más densos hasta los más elevados. Esta vibración depende de nuestros pensamientos y emociones, de manera que cuanto más sufrimiento o emociones y pensamientos negativos tengamos, más baja se encuentra nuestra vibración; por el contrario, cuanta más tranquilidad interna tengamos y nuestros pensamientos y emociones sean más agradables, mayor es nuestra vibración. En el lenguaje popular, es frecuente escuchar expresiones como “tiene malas vibraciones” o “me da buena vibra”, por ejemplo. Aunque estas percepciones no tienen por qué ser correctas, sí indican que hay una vibración, un “algo” que emitimos las personas y que es captado por los demás. Las vibraciones personales, en último término, son el resultado de nuestras emociones y pensamientos, de modo que no son algo estático, sino que pueden ir variando a lo largo de los días o los años.

La vibración personal es importante en muchos aspectos de la vida física, pero se convierte en algo fundamental para la experiencia que vamos a tener en el momento de nuestra muerte, en el cambio que haremos desde el plano físico hasta el siguiente plano de conciencia: el astral.

El plano astral

El plano astral es el lugar que hay inmediatamente después del plano físico, de manera que es el primer sitio al que vamos tras nuestra muerte. El plano astral está compuesto por siete subplanos diferentes, cada uno de ellos con su propia vibración. El primer subplano sería el que tiene la vibración más densa y es al que las religiones han llamado “infierno”. Según se va elevando la vibración, vamos subiendo se subplanos, hasta llegar al subplano astral más elevado, el cual da acceso al siguiente plano de existencia: el plano Mental, al que generalmente las personas se refieren como “cielo o paraíso”.

La vibración y el plano astral de la persona que se suicida

Hemos visto que el plano astral es el primer sitio al que vamos tras morir, y que ese plano tiene diferentes subplanos, lo que quiere decir que no todas las personas van al mismo subplano tras la muerte. Por decirlo de modo resumido, todos vamos al plano astral, pero no al mismo “sitio” de ese plano. ¿De qué depende, entonces, el sitio del astral al que vamos? De nuestra vibración en el momento de morir. Cada subplano del astral tiene una vibración, una “sintonía”. Tras la muerte, cada uno irá al subplano del astral con el que más sintonice su vibración.

Con el paso del tiempo, todos iremos subiendo por los diferentes subplanos hasta llegar al más elevado, pero el “viaje” será diferente según la vibración. No es lo mismo morir e ir al subplano más denso y desde ahí comenzar a subir que morir y pasar directamente a un subplano más elevado.

Con todo lo que hemos visto anteriormente, no es difícil entender que la persona que se suicida tiene, en el momento de la muerte, una vibración densa, baja, la cual se ha producido por sus pensamientos y emociones de dolor, sufrimiento e inconsciencia. Tras su muerte, irán a un subplano de vibraciones similares. Si observas, nadie los lleva allí ni los castiga, somos cada uno de nosotros quienes por nuestra vibración vamos a un lugar diferente. Los subplanos densos no están hechos para que suframos, sino que están adecuados a nuestro nivel de consciencia. El dolor o el sufrimiento que allí podemos experimentar no viene de fuera, nadie lo impone, sino que surge desde nuestro interior. Por decirlo de un modo claro, somos nosotros quienes nos castigamos, quienes nos arrepentimos. Y una vez que ese sufrimiento pase, podremos ir evolucionando hacia los planos superiores. Nadie nos retiene allí.

 

 El arrepentimiento de las personas que se han suicidado

Sea cual sea el sitio del plano astral al que hayamos ido, desde casi el principio podemos seguir viendo y escuchando lo que sucede en el plano físico. Esta es una de las experiencias más dolorosas para quienes se han suicidado. Ahora pueden ver con sus propios ojos el dolor que han causado a sus seres queridos, las consecuencias devastadoras que su muerte ha provocado. Aquí viene su primer arrepentimiento profundo y la comprensión de que no deberían haberlo hecho. Siempre, sin excepción, las personas que se han suicidado se arrepienten en este momento. Ellos siguen vivos en el plano astral, pero generalmente no van a poder comunicarse con sus seres queridos, a los que ven sufriendo constantemente y culpándose de lo sucedido. Este es el “infierno” particular que vivirán durante un tiempo.

Durante la regresión con una de mis pacientes, a la que llamaré Diana, descubrimos que en su vida anterior se había suicidado y pudo recordar perfectamente cómo habían sido los acontecimientos alrededor de este hecho, los cuales resultan muy esclarecedores. Referente al punto que estamos tratando ahora, esto fue lo que Diana dijo:

 “Estoy saliendo de mi cuerpo… veo mi cuerpo físico desde fuera, estoy tirada en el suelo. Siento mucho alivio, estoy contenta de que por fin todo haya terminado… no… espera… ¡no! ¿qué he hecho?… No debería haberlo hecho… ha sido un error, me arrepiento… qué mal [llora]. No, no era esto lo que tenía que pasar, no lo he hecho bien”.

Después de unos minutos en esta escena, Diana pasó a la siguiente:

“Estoy viendo a mis padres [llora intensamente]… están destrozados, se están culpando de mi muerte… quiero decirles que me arrepiento, y que ellos no tienen la culpa… pero no puedo… esto es horrible, yo no quería hacerles sufrir de esta manera… me siento muy mal”. 

Tras esta escena, mi paciente continuó su viaje por el plano astral. Sin embargo, estas vivencias fueron bloqueadas por su Guía Espiritual, el cual le dijo que no era necesario recordar todo lo que sufrió durante el tiempo que pasó allí.

En este punto, los seres queridos pueden ayudar a que la persona desencarnada se sienta algo más aliviada, una tarea que no es nada fácil, pero que es posible a largo plazo. Si los seres queridos entienden que no son los culpables del suicidio, si comprenden que esa persona sigue viva y está cerca de ellos, ella sentirá ese entendimiento desde el sitio en el que se encuentra, y en lugar de generarle dolor, se sentirá un poco más aliviada. También puede hablarse con ella, puesto que desde el plano astral nos pueden escuchar. Se le puede tranquilizar, acompañar, tal y como si estuviese con vida física. Cometió un error, lo sabe, y ahora necesita comprensión.

 

El final de la experiencia en el plano Astral y el acceso al plano Mental

Como hemos dicho anteriormente, con el paso del tiempo todos evolucionamos en los diferentes subplanos astrales y llegamos hasta el más elevado. Una vez allí, será el momento de dejar ya el astral para cambiar de plano y adentrarnos en el llamado plano Mental, nuestro “verdadero hogar”.

Cuando abandonamos el plano astral somos conducidos por nuestros Guías Espirituales al plano Mental. Una vez allí se van sucediendo diferentes cosas. Una de las primeras suele ser la revisión de la vida física con el Tribunal de Sabios. Este tribunal, compuesto por seres espirituales avanzados, tiene la misión de comprobar si hemos superado o no las pruebas, los aprendizajes, que habíamos ido a hacer a la Tierra, así como el nivel de consciencia que hemos adquirido. Evidentemente, aquellas personas que se han suicidado no han superado las pruebas ni han adquirido los aprendizajes. Además, hay dos normas fundamentales en el mundo espiritual: durante la vida física no podemos quitar la vida a nadie (*) y no podemos quitarnos nuestra propia vida (**), ya que eso impide la realización del plan vital que cada uno de nosotros tenemos. Quienes se han suicidado, han quebrantado una de las normas, generando un gran Karma, y eso tendrá que ser compensado más adelante.

El Tribunal de Sabios es, como todo lo que sucede en ese plano, tremendamente amoroso y comprensible; aquí no se castiga a nadie, ya que el objetivo es ayudar a cada Ser en su evolución. Por tanto, la persona que se ha suicidado saldrá de ese tribunal y podrá comenzar a vivir su experiencia en el plano Mental del mismo modo que cualquiera que haya muerto de manera natural.

Con respecto a esto, mi paciente Diana relató lo siguiente:

“Estoy en una sala acompañada por tres seres espirituales más… vamos a hablar de mi vida, es una especie de revisión […] Estamos hablando de mi vida, me ayudan a darme cuenta que en mi vida anterior he dejado que los demás se aprovechen de mí, no he sabido poner límites… he sido muy ingenua y me he ido autodestruyendo poco a poco… hasta que no quedaba nada” [llora].

Tras unos minutos ahí, continúa:

“Ahora están haciendo mucho hincapié en el modo en el que he muerto, en el suicidio. Dicen que cuando sea el momento de reencarnar, hablaremos más sobre esto… me explicarán cómo tendré que volver… no me gusta, pero tengo que aceptarlo… ni hice bien yéndome de ese modo […] Todo me lo dicen con amor, con mucho amor, sé que es para mi bien, pero no quiero”.

La reencarnación de los que se han suicidado

Como decíamos, la vida en el plano Mental de los que se han suicidado será igual de agradable y extraordinaria que la de cualquier otro. Ellos se reencontrarán con su grupo de almas, disfrutarán de todo lo que existe allí… hasta que sea el momento de reencarnar. Aquí sí existen ya diferencias entre los que se han suicidado y quienes murieron en el momento adecuado. Veamos a continuación esas diferencias.

La primera diferencia es el tiempo que transcurre entre una vida física y otra. Cuando una persona desencarna de manera natural, suele estar en el mundo espiritual entre 80 y 100 años; sin embargo, cuando la persona ha muerto antes de tiempo (como en el caso de quienes se han suicidado), este tiempo se ve disminuido, pudiendo bajar hasta los 10 ó 20 años. En el caso de Diana, murió por suicidio en 1969 y reencarnó en su actual vida en el año 1984, pasando entre una vida y otra 15 años. Esto significa que están mucho tiempo menos disfrutando del mundo espiritual y reencarnarán a mayor velocidad. Pero, ¿por qué sucede esto? Aquí entramos ya en la segunda diferencia.

Cuando desencarnamos de manera natural, somos nosotros mismos con la ayuda de nuestros Guías quienes elegimos qué debemos aprender en nuestra siguiente vida física, las pruebas a las que queremos enfrentarnos para nuestra evolución, los problemas que abordaremos, etc. Sin embargo, cuando nos suicidamos, no se nos da la capacidad de elegir. Indiscutiblemente, se nos impone volver a pasar por las mismas experiencias (muy similares, ya que idénticas no pueden ser) que nos llevaron al suicidio. Aquí, la persona entiende en mayor profundidad hasta qué punto el suicidio fue un error: no sólo no acabó con las situaciones que le llevaron al suicidio, sino que estas van a repetirse. Esto no se debe a ningún tipo de castigo, sino de aprendizaje y de Karma.  Por decirlo de un modo más claro, el “trabajo” quedó a medias y ahora hay que volver para terminarlo. Evidentemente, habrá elecciones que la persona sí podrá hacer, pero el leitmotiv de su nueva vida física será el mismo que el de la vida anterior en la que se suicidó.  

En el caso de Diana, esto fue lo que relató:

“Estoy de nuevo con el Tribunal… dicen que debo volver a una nueva vida y experimental otra vez las situaciones que en la vida anterior me habían llevado al suicido… pero es muy pronto, ¡yo no quiero volver ya!”

Aquí Diana comienza a dialogar con ellos, les dice que no está de acuerdo con el plan, que no quiere volver, y sigue con esa discusión durante unos minutos. Al cabo del tiempo, continúa:

“Los entiendo… entiendo lo que dicen. Tengo que volver para enfrentarme… me explican que no se trata de hacer grandes evoluciones en la siguiente vida, que no es necesario, basta con aprender de las situaciones que se van a presentar […] Me están diciendo que probablemente con una vida más este aprendizaje quedará hecho… Lo acepto, sí, acepto esto, acepto bajar […] Las experiencias que voy a tener me las han impuesto ellos a causa de mi suicidio… pero todo lo hacen con mucho amor, yo noto ese amor que tienen hacia mí”.

En la actualidad, Diana se ha enfrentado a situaciones difíciles desde la infancia, sin embargo, ha sido capaz de enfrentarse a ellas y aprender. Comenta que muchas veces sintió ganas de “tirar la toalla”, incluso de suicidarse, pero cuando pensaba en esto, sentía una fuerte intuición que le decía que no lo hiciese. Tras la regresión, entendió a qué se debía esto, así como el sentido profundo de todo lo que ha vivido.

Para terminar, a modo de resumen, quiero hacer hincapié en que con las pruebas que tenemos sobre el mundo espiritual, no cabe duda que el suicidio es uno de los mayores errores que un ser humano puede cometer. Las consecuencias en el plano astral serán intensas, sin embargo, este acto no tiene castigo en el mundo espiritual. Pese a esto, la persona sí tendrá que reencarnar en su siguiente vida con los mismos problemas que lo llevaron al suicidio, por lo que este no le sirvió para eliminarlos, al contrario, los ha alargado de manera innecesaria durante una vida más. La persona que se ha suicidado estaba sufriendo y se encontraba perdida, esto debemos tenerlo siempre en cuenta, y es merecedora de todo el amor, el respeto y la comprensión posible. En el mundo espiritual saben esto perfectamente, por eso no existe castigo alguno. Tampoco estaría bien interpretar el Karma o la retirada de la capacidad de elección como castigo; se trata de aprendizaje, de evolución, siempre se trata de eso.

 

 

Notas

(*) Aquí no se contempla el aborto ni el homicidio involuntario, temas muy diferente al del asesinato desde una perspectiva espiritual.

(**) Aquí no se contempla el no-mantenimiento de la vida física por vías artificiales o la eutanasia, dos asuntos muy diferentes al suicidio a nivel espiritual.

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