Por Joaquín Cámara

 

El plano astral es el primer lugar al que vamos tras la muerte. Una vez que desencarnamos, abandonamos el cuerpo físico y continuamos viviendo a través de nuestro siguiente cuerpo, también llamado astral, en su propio plano.

Conocer este lugar es de gran importancia, ya que está íntimamente relacionado con el mundo físico e incluso interactúan ambos con frecuencia. Así, por ejemplo, las señales que recibimos de nuestros seres queridos fallecidos provienen de ese plano, e incluso fenómenos para los que no encontramos explicación material se producen desde allí y podemos percibirlos aquí. Además, al ser el primer lugar al que vamos tras la muerte, conocerlo puede sernos de gran utilidad.

 

 

Las diferentes regiones del Plano astral

El plano astral está dividido en 7 regiones o subplanos en función de su densidad. Así, los primeros subplanos son mucho más densos y oscuros en comparación con los últimos, más cercanos ya al mundo espiritual. Tras desencarnar, cada uno de nosotros iremos al subplano astral que se corresponde con la vibración que hemos ido acumulando a lo largo de su vida (puedes encontrar más información sobre esto en el capítulo 3 del libro “Una vida infinita”).

Sea cual sea el subplano al que accedamos tras la muerte, tarde o temprano todos vamos desprendiéndonos de nuestras vibraciones más negativas y ascendiendo a los subplanos superiores, llegando finalmente hasta el plano mental, también llamado Mundo Espiritual.

 

Los primeros subplanos: El bajo astral

No es en absoluto frecuente que alguien vaya al bajo astral tras su muerte, ya que para ello han debido acumular fuertes emociones negativas las cuales se han arraigado en su interior. De manera habitual, quienes desencarnan pasan directamente a los subplanos intermedios del astral. Sin embargo, como la finalidad de este artículo es poder entender un poco mejor cómo son todos los lugares a los que vamos tras la muerte, debemos comenzar por estas regiones.

La persona que tras desencarnar accede a los subplanos astrales más bajos, se encontrará con otros habitantes en su misma situación y en un lugar cuya materia y entorno es pesado, denso, como consecuencia de la baja vibración que hay allí. ¿Qué sucede cuando bajamos la temperatura del agua por debajo de los cero grados? Que su vibración se hace más densa, de manera que el agua se vuelve sólida. Sucede algo similar en el bajo astral: la vibración es baja, de modo que todo lo que hay ahí es espeso, incluidos sus habitantes.

Como habrás podido imaginar, el bajo astral no es un lugar agradable, pero tampoco es el infierno que nos han contado algunas religiones. El sufrimiento que allí puede experimentarse procede siempre del propio interior de la persona y de la vibración que ha acumulado, nunca hay un castigo impuesto desde fuera. En esta región permanecerá algún tiempo, hasta que eleve la vibración de su cuerpo astral y pueda proseguir su viaje hacia los lugares superiores.

En las regresiones espirituales que realizo, no es habitual que los pacientes recuerden mucho a cerca de su vida en el plano astral, no parece ser algo especialmente relevante para la actual vida física de la mayoría de ellos. Menos frecuente aún es que aquellos que han pasado por los subplanos bajos traigan a la memoria sus vivencias de allí. Sin embargo, en algunas ocasiones he encontrado a pacientes que han podido recordar su experiencia en estos lugares, y el modo en el que lo han contado resulta muy aclaratorio para comprender un poco mejor cómo funciona el bajo astral. A continuación vamos a ver dos fragmentos pertenecientes a dos mujeres, las cuales estuvieron en diferentes zonas del bajo astral.

 

La regresión de Melisa

Durante su regresión a vidas pasadas, Melisa se vio en el año 1936 en una zona rural de Italia. Allí era un hombre excesivamente rudo, agresivo, envidioso y adicto al alcohol. Vivía en una casa muy humilde junto a su mujer (a la cual había comprado unos años antes, siendo ella aún muy joven) y sus dos hijos. La vida que dio a su familia fue especialmente dura y desagradable, llegando al extremo de asesinar a sus dos hijos pequeños y enterrarlos en el campo. Tras ver detalladamente esa vida, nos fuimos a los últimos momentos que vivió antes de desencarnar y, posteriormente, a lo que sucedió tras abandonar su cuerpo físico:

 

  • [Joaquín] ¿Dónde te encuentras ahora?
  • [Melisa] Estoy tumbado en mi cama… muy hinchado, con la barriga que casi va a reventar… estoy muy enfermo, lleno de alcohol… me enfermé de tanto beber. Ahora estoy en la cama casi muerto, muriendo. Mi mujer está sentada cerca de mí, esperando. Todo empieza a ponerse muy oscuro…
  • De acuerdo. Avanza hasta el momento en el que sales completamente de ese cuerpo. ¿Qué ves ahora?
  • Estoy viendo esa escena. Mi mujer no me llora, está cubriendo mi cuerpo con una sábana. Por primera vez siento pena por ella… me dio toda su vida y yo sólo le di infelicidad… Ahora siento que estoy yendo a otro lugar, no sé a dónde. Ya no estoy en la habitación. Siento que tengo que subir hacia algún sitio, pero no puedo… no voy a subir, algo lo impide.
  • Explícame esto un poco mejor.
  • Es difícil… yo siento que tengo que subir, elevarme, pero hay una fuerza que no me deja, que me bloquea el paso. Noto que me arrastra a otro lugar, como una corriente. Siento que estoy muy lejos de donde tengo que ir…
  • ¿Cómo es el lugar al que has llegado? ¿Qué puedes ver a tu alrededor?
  • Estoy flotando. Me siento solo, preocupado… pero sé que tengo que estar aquí. Es un lugar oscuro, pero sobre todo… no sé cómo explicarlo… es denso, como chicloso, pegajoso… espeso. El aire se siente pesado. Es un lugar muy grande, inmenso, pero a la vez se siente estrecho; hay una niebla gris por todas partes. Y muy arriba hay como un techo, un límite. Sé que más arriba de ese techo es donde yo tengo que llegar, pero ahora mismo no puedo… aquí es donde tengo que estar, tengo que esperar. Hay muchas almas flotando… están igual que yo.
  • ¿Tienes miedo ahí?
  • No, no siento miedo. Sé que tengo que estar aquí un tiempo, lo hice todo mal.
  • Avanza hasta el momento en el que sales de ese bajo astral.
  • Sí… estoy subiendo hacia el techo… según subo todo se va volviendo más claro y más liviano. Sigue sin ser el lugar hacia donde tengo que llegar, pero esto ya es diferente, estoy más cerca. Ahora ya no me siento tan solo como antes…

Pese a que ciertamente debe ser muy difícil describir un lugar así, ya que en el mundo físico no tenemos algo similar con lo que compararlo, Melisa pudo ofrecer aquí una descripción que nos ayuda a visualizar un poco mejor este bajo astral en el que estuvo.

 

La regresión de Noelia

El siguiente fragmento pertenece a la regresión de Noelia, cuya vida anterior transcurrió en Francia a principios del siglo XIX. Allí era una mujer de clase acomodada, casada con el gran amor de su vida y viviendo en una enorme casa repleta de personal de servicio. En 1832 se quedó embarazada, algo que siempre había deseado y que le había costado mucho conseguir. Sin embargo, el bebé nace enfermo y, pese a los cuidados médicos de la época, fallece unas semanas después. A partir de ese momento una fuerte angustia se apoderó de ella hasta que, unos meses después, se suicidó:

 

  • [Noelia] Hay una fiesta en casa. Veo a mucha gente bailando en el salón, es un espacio muy grande, con ventanas acristaladas desde las que se ve el jardín… Mi marido también está bailando, pero yo no me encuentro bien. Estoy sentada en un sillón. Mi madre viene hacia mí para tratar de animarme, pero yo no tengo ganas de nada. Siento que no puedo soportar la carga que llevo desde que murió mi bebé…
  • [Joaquín] Avanza un poco en la escena y cuéntame lo que ves.
  • Mi madre se está yendo a hablar con otra gente… y cuando ella se marcha aprovecho para escabullirme. Ahora voy andando por un pasillo grande, voy hacia el despacho de mi marido… nadie se ha dado cuenta de que me he marchado.
  • ¿Sabes a qué estás yendo al despacho de tu marido?
  • Pues sí… a suicidarme. Él tiene en el cajón de su mesa una pistola alargada, como de madera… y una caja de balas. Ya estoy ahí, la estoy cargando… y me disparo.
  • ¿Qué ves tras dispararte?
  • Estoy ahí, de pie. Veo mi cuerpo en el suelo. La música del salón ha parado, creo que han oído el disparo… Mi marido ha llegado al despacho corriendo, junto a mi madre. Ahí me encuentran…
  • ¿Cómo te sientes en este momento?
  • Pues igual de mal que me sentía antes… estaba desconsolada y ahora veo que lo sigo estando… no ha cambiado nada. Les grito, les digo que no podía soportarlo más, pero no me oyen, están de rodillas sobre mi cuerpo, tratando de salvarme… pero ya no van a poder hacer nada. Hay mucha gente mirando desde la puerta, sin entrar al despacho.
  • Avanza en esa escena hasta el siguiente recuerdo…
  • Veo mi ataúd en medio del salón, con mucha gente alrededor… y lleno de velas. Yo estoy ahí, viendo todo eso. Me siento muy mal, peor que antes. Me duele mucho verlos sufrir de esta manera por lo que he hecho… trato de consolarlos, intento hablarles, les digo que estoy bien, pero no me oyen…
  • Avanza un poco más en el tiempo y cuéntame qué ves.
  • Ahora estoy en otro lugar. Es un sitio oscuro… voy vagando sin rumbo. Estoy buscando a mi hijo, preguntándole a todos los que encuentro si lo han visto, pero nadie sabe nada. Tengo la sensación de que todos los que estamos aquí nos sentimos igual, noto mucha empatía de ellos hacía mí y viceversa… nos comprendemos. Sigo caminando. Me encuentro con una mujer que me explica que ella también ha perdido a su hijo y no lo ha podido soportar, por eso está aquí, también lo está buscando. Otro hombre con el que hablo me explica que se arruinó, él y su familia se quedaron en la calle sin tener ni siquiera algo para comer, tampoco lo soportó.
  • ¿Todos los que estáis ahí os habéis suicidado?
  • No lo sé… con los que yo he hablado sí, pero no sé si serán todos. Sí siento que aquí todo el mundo está muy triste.
  • ¿Tienes miedo de estar ahí?
  • No, aquí no tengo miedo, y no veo que nadie lo tenga…
  • ¿Cómo me describirías este lugar?
  • Hay penumbra… hay zonas en las que no distingo casi nada de lo oscuras que están. Es un lugar muy grande, lo sé aunque no lo vea al completo. Veo a gente como yo yendo de un lugar a otro, pero todo está bastante oscuro… Ahora estoy viendo a personas que están tratando de comunicarse con sus seres queridos, aquí hay sitios desde los que podemos verlos, pero es difícil describirte cómo es esto…
  • Inténtalo, explícame de qué modo veis desde esa zona del bajo astral a vuestros seres queridos de la Tierra.
  • Es como una especie de espejo o de lámina de agua donde uno se acerca y puede ver el otro lado, se puede mirar a través de él.
  • ¿Hay más cosas a tu alrededor que te llamen la atención?
  • Sí… de vez en cuando veo haces de luz, llaman mucho la atención porque este sitio es muy oscuro y cuando aparece alguno de estos destellos se ilumina un poco. Son luces que se mueven rápidamente, hacia arriba y también hacia abajo… y hay almas que suben por esa luz.
  • Avanza un poco más en el tiempo por ese lugar en el que estás.
  • Hay un ser con mucha luz que viene hacia mí. Lo he visto bajar desde arriba, desde más allá del techo… sé quién es, lo reconozco… es mi Guía. Nos estamos abrazando.
  • ¿Ha venido a sacarte de ahí?
  • No, él no me puede sacar de aquí hasta que esté preparada, ha venido a ofrecerme ayuda, consejo… Ahora nos estamos abrazando…
  • ¿Vas a estar mucho tiempo ahí?
  • No lo sé… aquí el tiempo es diferente… no tengo la sensación de tiempo que tenía en la Tierra. Pero sé que tengo que estar aquí, no puedo seguir subiendo… Está bien así.

 

Como hemos podido ver, las experiencias de Melisa y Noelia comparten muchas similitudes, sin embargo no son exactamente iguales. Aunque ambas se encontraban en el bajo astral, cada una de ellas estaba en un subplano diferente, dependiendo de la vibración que habían acumulado a lo largo de su vida en la Tierra. Por las descripciones que hacen, Melisa se encontraba en un lugar más bajo que Noelia, de ahí que sintiese mayor densidad y no viera los haces de luz o las zonas desde las que puede verse el mundo físico.

En la segunda parte de este artículo hablamos de los planos astrales intermedios, los cuales son a los que accedemos habitualmente tras la muerte.

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